esquina

En ocasiones anteriores he señalado que el espacio de la telenovela y particularmente el que corresponde a la novela cubana, es un espacio esperado noche tras noche por la familia cubana y por ende, de gran tele audiencia. Se dice siempre que el cubano es un apasionado del béisbol, pero yo agregaría del béisbol y la telenovela, lo que provoca no pocos conflictos en varios hogares.

Felizmente, después del desacierto de Playa Leonora y sus olvidables antecesoras, llegó a la pequeña pantalla La otra esquina, con una buena aceptación por parte del televidente. La trama juega con todos los cánones que rigen la telenovela, pero en este caso la dirección eficaz de Ernesto Fiallo y el adecuado guión de Camila Suárez, hicieron de la misma una entrega ágil y profesional. Ambos factores artísticos lograron armar una cuidadosa trama, donde varios temas fueron expuestos con sinceridad. La violencia de género, el amor como propuesta constante de este género televisivo, con sus amores descarriados y celos, la emigración, los prejuicios que subsisten, el deber profesional y algunos de los problemas de la actualidad cubana, enriquecieron las tramas y sub-tramas.

Indudablemente parte del éxito alcanzado por la telenovela se lo debe a un elenco de lujo, el cual brindó certeras actuaciones. Muy profesional Juan Carlos Roque Moreno, bien secundado por Amarilys Núñez; Fernando Echevarría, excelente, como es habitual en él; Yerlín Pérez, quien en cada entrega interpretativa crece como actriz; el desaparecido Raúl Pomares, en una clase magistral de actuación, al lado de la maravillosa Paula Alí; Hugo Reyes, de una naturalidad espontánea y Blanca Rosa Blanco, quien conjuntamente con Julio César Ramírez, llevaba el peso de la trama. Su Silvia, está presente en casi toda la historia de la telenovela y alrededor de la misma se iban desarrollando las otras sub-tramas. Este personaje le brindó la oportunidad a la actriz de interpretar a una mujer contemporánea llena de contradicciones, oportunidad que supo aprovechar muy bien. Blanca Rosa construyó a su Silvia desde distintos ángulos, orgánicamente, dándole la veracidad necesaria y la ambigüedad precisa que requería el personaje.

La música de Raúl Paz, fue otro punto fuerte que captó el favor del respetable, redondeando la entrega televisiva. La ambientación y la fotografía, sin alcanzar grandes logros, fue aceptable, sobre todo la primera, que fue más realista que lo que es habitual en la telenovela cubana.

La otra esquina, no es una obra maestra de la pequeña pantalla, ni siquiera la mejor de las telenovelas cubanas de los últimos tiempos, pero después de tanta mediocridad vista en ese espacio, se disfruta como un fuerte aguacero en una región de sequía.