hijo

Por P. Luis García Orso, S.J.


Esta película rumana ganó el Oso de Oro del festival de Berlín 2013. Dentro de la nueva ola de cine rumano, que tantos éxitos va cosechando estos últimos años, encontramos también otras interesantísimas obras del mismo guionista Radvan Radulescu: Cuatro meses, tres semanas, dos días (de Cristian Mungiu, 2007), La muerte del Sr. Lazarescu (Cristi Puiu, 2005), Policía, adjetivo (Porumboiu, 2009).
En La postura del hijo (Pozitia Copilului), una mujer de unos sesenta años, vistiendo ropa muy cara, sentada en la sala, se desahoga con su cuñada del hijo único que ya no la llama, que no la deja entrar a su departamento, que se fue a vivir con una mujer que tiene una niña y que lo controla... Cornelia es arquitecto aunque sólo trabaja a veces en decoración; ella y su esposo médico ocupan una posición social bastante desahogada en la actual Rumania. La personalidad imponente de Cornelia en su casa y entre sus amistades es puesta a prueba cuando le avisan que su hijo Barbu, de 32 años, ha atropellado a un niño de catorce años a la salida de la ciudad, al conducir su Audi a exceso de velocidad y querer rebasar a otro carro más potente. El niño ha muerto y a Barbu le espera un juicio largo y cárcel.
Inmediatamente, Cornelia abrirá su agenda y se pondrá a hacer llamadas. Como alguien que sabe navegar con destreza por las aguas del intercambio de favores y el tráfico de influencias, se hace con los nombres y los teléfonos de policías, fiscales y peritos, y pondrá todo su empeño en controlar la situación y defender a su hijo, cueste lo que cueste.
Este hecho accidental, que podría parecer un melodrama familiar, en manos del joven director rumano Calin Peter Netzer y de su guionista, se convierte en una disección despiadada, lúcida, fría, de las relaciones de poder, control y opresión de una madre sobre su hijo y de los nuevos ricos rumanos sobre los demás, en una sociedad postcomunista muy desigual. Cornelia es la madre que no quiere 'perder' a su hijo único, al que ya perdió al hacerlo un sujeto sin decisión, sin compromiso, sin coraje. Es la madre que ahoga en sobreprotección y control y castra al hijo en sus afectos y en su sexualidad. Es la madre que piensa más en sí misma, en su propia posición, al pensar tanto en el hijo.
El título del filme La postura del hijo puede tener varios ángulos: la postura psicológica del hijo que se rebela y se somete, la postura legal de defensa a base de sobornos, la postura corporal-fetal del hijo que sigue atado a la madre, la postura moral del hijo que no asume su responsabilidad. Un juego de ángulos por lo demás interesante dado que toda la historia recae en la personalidad dominante y absoluta de la madre. La cámara en mano, siempre móvil, entra en la historia y sigue a los personajes, como si fuera otro miembro de la familia que debe apurarse para estar al ritmo acelerado que va llevando Cornelia para lograr sus propósitos. Y en una secuencia fundamental, la conversación de Cornelia con la novia del hijo, la cámara entra sigilosamente en una intimidad de confidencias que nos revelará las otras 'posturas' que no acabamos de ver.
La mano magistral del director pondrá la puntilla en la secuencia final, la larga y llorosa súplica de Cornelia al papá del niño muerto: "Se lo ruego: no le arruine la vida, no lo destruya por favor, es lo único que tengo". Y uno como espectador relee la historia –personal y social- para ver cómo se llegó a la ruina y a la destrucción de una vida.