Alberto, quiropráctico, papá divorciado, lleva de vacaciones a sus dos hijos: Lucía, una adolescente de 14 años, y Fede, un niño de nueve. El lugar elegido para esos días de convivencia es un balneario de aguas termales y cabañas familiares, ahora pasado de moda. Salen con lluvia desde Montevideo y no cesará de llover por varios días mientras están en la cabaña. No hay televisor y está prohibido usar la alberca mientras llueva. El papá buscará hacer buena cara al mal tiempo inventando juegos y conversaciones; los chicos, pero especialmente Lucía, no sabrán disimular la mala cara por el aburrimiento y por los pasatiempos poco graciosos del papá. Para los tres será una situación no preparada para conocerse mejor, para aprender a relacionarse, para hallar cómo ser papá, hija, hijo.

Dirigida por dos jóvenes uruguayas, Leticia Jorge Romero y Ana Guevara Ponce, Tanta agua es una historia muy sencilla, cercana, cotidiana, que va fluyendo sin fisuras, aunque con lentitud, como la vida: parece que no sucede nada y sin embargo sucede tanto; fluyendo porque algo que parece serio en realidad esconde más humor, sorpresa y ternura de lo que uno cree. Una historia hecha para ir descubriendo con cariño a cada uno de sus personajes a medida que ellos también van descubriéndose a sí mismo y a los otros: sus manías, gustos, caprichos, egoísmos, soledades, ilusiones… Como la ilusión de Alberto por reencontrarse con sus hijos, la ilusión de Lucía en su primer amor de adolescente, y las frustraciones que no esperaban. Por ello la cámara se detiene cercana en pequeños detalles, miradas, gestos y reacciones tan naturales, que se nos podrían escapar, y hacen posible que vaya creciendo una mirada más comprensiva –de los protagonistas y del espectador- que deseche juicios y etiquetas, reclamos y durezas.

La película se inserta en esta nueva corriente del cine joven uruguayo con historias cotidianas de gente común y corriente, sin heroísmos ni bellezas, que casi sin decir nada dicen tanto de nosotros, como Whisky (de 2004), Acné (2008) y Gigante (2009). Tanta agua (de 2013) fue premiada en los festivales de Guadalajara, Cartagena, Miami, San Sebastián. Es una historia sobre la ilusión y la desilusión: ambas nos llegan tan de repente que a veces no sabemos qué hacer. La lluvia es una imagen de aquello que frustra nuestros planes, pero que nos lleva a aprender y a relacionarnos de otra manera: los tres protagonistas de la familia lo harán cuando piensen en lo que el otro ha hecho por uno, porque nos ama. En la secuencia final ya no está la lluvia, sino Lucía que se sumerge en la alberca. Cuando salga del agua, la vida continuará y seguirán cosas parecidas, pero ella y su papá habrán aprendido algo nuevo, habrán abierto los ojos y el corazón, y ya el agua no será la misma.

Luis García Orso, S.J.